viernes, 29 de marzo de 2013

VIAJAR COMO GANADO

Mientras esperaba un colectivo al que pudiera subir, me puse a observar a la gente. Todos desesperados por subir a bondis atestados, todos en actitud egoísta, todos en una actitud que casi podría tildarse como suicida debido a los riesgos que se atreven a pasar con tal de no esperar el siguiente transporte.
Pensé entonces "¿puede cambiarse esta mentalidad?" Puedo comprender esta actitud a la hora de ir al laburo por la necesaria puntualidad, pero no la comprendo a la hora del regreso a casa.
Cuando salgo de la universidad a la noche, cansada, emprendo mi retorno al hogar; pero desde el momento en el que abandono el aula ya me siento libre. Me permito respirar el aire nocturno y caminar lento pues ese tiempo ya es mío. Sumirme en una lucha para subir al colectivo, para viajar como una (pobre) sardina enlatada o viajar colgada del estribo del tren, sumándole el maltrato y egoísmo de la gente, supone un estrés que no estoy dispuesta a padecer. ¿Por qué no hacer un paseo? ¿por qué no dejar pasar un bondi o dos o más (siempre que sea posible) para viajar con comodidad? ¿por qué sólo se piensa que descansar es llegar lo más pronto posible a casa a comer y dormir para volver a empezar al día siguiente? ¿por qué no aprovechar (aunque sea un ratito) de ese tiempo libre para disfrutarlo?
Comprendo que el sistema de transporte es bastante desastroso, pero si aprendemos a relajarnos de otra manera, a pensar en el otro, a poner una sonrisa en vez de gruñirnos, podríamos lograr que el regreso a casa sea placentero en lugar de ser estresante. Que el regreso sirva para despejar la mente y no para maquinarnos y llegar a casa puteando y esparciendo esa mala onda sobre los demás. Así no se puede descansar con tranquilidad y logramos que abrir los ojos al día siguiente sea torturante.
¿Se podrá lograr que cada fin del día sea un poquito viernes y que todos los días siguientes sean un poco sábado?
El tiempo después del trabajo, después de la facu, ya es nuestro; aprovechémoslo con calma.

¡Ohm y hakuna matata!



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